LUIGI SALERNO VIDAL
Tal cual se ha venido sosteniendo en las últimas semanas, el Ministerio Público, debe necesariamente, a 10 años de su instalación, hacer un alto en el camino y realizar, con todos los actores de la sociedad que participaron en su creación, una profunda revisión a su funcionamiento.
Las críticas vertidas a este respecto son de variada índole, desde una profunda despreocupación del Ministerio Público por las víctimas, al punto que la pretensión de muchos es crear una institución dedicada exclusivamente a ello; pasando por el poco celo o experiencia investigativa de los fiscales; el uso indiscriminado y rápido de la facultad de no perseverar en las investigaciones; la compensación económica a los fiscales manifestadas en bonos anuales por términos de causas; etc. etc.
Todas estas críticas, pueden tener asidero o no, sin embargo lo que no puede ocurrir es que ellas no sean tomadas en cuenta o simplemente, si ellas son efectivas, no se corrijan a tiempo y adecuadamente.
Qué duda cabe que la Reforma Procesal Penal ha sido, desde el punto de vista de la modernización judicial del país, la más importante, no sólo por ser la primera sino por que vino a resolver un tema de larga data que para el sentir ciudadano era de lo más relevante. Seguramente, como toda institución nueva hay cientos de grandes o pequeños problemas que deben buscar ajustes para resolverlos y ellos deben ser resueltos por las mismas que pensaron y dieron vida al nuevo proceso penal. No es que uno desconozca que parte importante o actor relevante en la discusión respecto de estos temas la tiene o es el propio Ministerio Público y especialmente su Fiscal Nacional, sin embargo, no será el solo quien resuelva los problemas, toda vez que ha sido el solo - el Ministerio Publico - el que los ha generado.
Relevante en esta discusión se torna la forma de generar las autoridades - Fiscales Regionales - en el Ministerio Público. Con cierta inquietud se ha logrado determinar que de preferencia, por no decir todas las designaciones corresponden a Fiscales que se encuentran trabajando en el Ministerio Público desde sus inicios, ello no tendría nada de malo, si por ejemplo, el designado, desde el punto de vista curricular al menos tiene los mismos méritos de otros que, postulando desde afuera del Ministerio Público, han logrado quedar en las Ternas que al efecto forman la Cortes de Apelaciones.
Por otra parte, no es menor el tema de la forma en que las Cortes de Apelaciones han terminado ejerciendo una influencia, muchas veces indebida en el Ministerio Público, conocido es el caso de un Ministro que se encuentra en serios problemas con sus superiores, entre otras cosas por haber ejercido ante el Fiscal que investigaba una causa de interés personal, un tráfico de influencia que se término manifestado en el voto que dicho Ministro otorgó al mismo Fiscal que llamaba por una causa propia; para que decir los comentarios que en ese mismo sentido se escuchan en Rancagua. El Ministerio Público ha perdido crecientemente su frescura y lo que es peor ha perdido o hipotecado su independencia.
El tema planteado es de la máxima importancia, si tenemos en cuenta que entre este año y el próximo, al menos 6 Fiscalías Regionales cambiaran el mando y, según las informaciones que circulan en los medios judiciales, muchos Fiscales Regionales que terminan su mandato de 8 años, están postulando con un año de anticipación a otras Regiones y viceversa. De quedar en las respectivas ternas, seguramente serán nombrados por el Fiscal Nacional.
En los orígenes de Ministerio Público, se sostuvo que 8 años era suficientes para que un Fiscal Nacional o Regional, ostentara tal categoría; ello era así, pues lo que se pretendía era evitar el anquilosamiento de la Institución, lo que se pretendió fue que las ventanas siempre permanecieran abiertas para que el aire fresco entrara permanentemente a sus dependencias.
Son estas y otras prácticas las que necesitan, a 10 años de su creación, ser urgentemente revisadas.
Esta reforma es lo suficientemente importante como para permitir que en su interior se instalen conductas que pueden llevar a que terminemos lamentando un fracaso de proporciones. No hay que perder la confianza y el cariño con que la ciudadanía recibió su instauración.
Buena Luigi, gran artículo ojala te tomen en serio.