MEMORIAS DE MEDIO SIGLO: LOS ‘DINAMITEROS’ DE LA CNI Y EL FUSILAMIENTO SIMULADO
Artalex
Durante la dictadura de Pinochet, bajo el amparo del absoluto poder del golpismo militar, cualquier cosa indigna y terrible podía acontecerles a los ciudadanos honestos. Esta fue una de ellas, y ocurrió en Calama.
En la insondable vastedad del Norte Grande, allí donde la soledad vence a la imaginación, las arenas del desierto más árido del planeta guardan increíbles historias de maldad, pero reales merced al poder omnímodo que caracterizaba a los asesinos que gobernaban mediante el temor y las bayonetas bajo el falso disfraz de la bandera patria. Para esos individuos, amparados en el uniforme, nuestro indemne país era un pozo de dinero al cual había que echarle mano a destajo e impunemente.
La vida de los civiles les resultaba un asunto menor, intangible e incobrable. Para ellos, la ciudadanía significaba algo tan ajeno y mínimo como una llovizna en Islandia. Los millones de ‘paisas’ eran sólo algo similar a limones y cerdos…vale decir, jugo y grasa.
En la minera ciudad de Calama, enclavada en medio de la pampa nortina, se desarrollaría una más de las más detestables y cobardes acciones cometidas por agentes del estado totalitario, los que, amparados en el poder de las armas y en el temor de la población, decidieron alcanzar la riqueza económica mediante un golpe de criminal audacia. Era el mes de marzo del año 1981.
El único acontecimiento que había trastornado la rutina calameña en los años recientes fue el asalto armado a la sucursal del Banco del Estado en el pasado mes de diciembre. Por eso, el gerente de ese establecimiento, Luis Guillermo Martínez Ayala, y su cajero, Sergio Yánez Araya, entendieron como algo muy natural que dos funcionarlos de la ‘seguridad militar’ quisieran tomar medidas especiales para evitar futuros asaltos.
Esos hombres del ejército eran el jefe local de
Eso fue, en efecto, lo que les dijeron los dos hombres que entraron a las oficinas del Banco el día 09 de marzo, a las
Los funcionarios bancarios aceptaron de inmediato la proposición, y los dos agentes de
Lo primero que hicieron fue sacar todo el dinero que estaba a buen recaudo en la bóveda para ponerlo en varias cajas de manzanas que transportaron en una camioneta sin disco ni insignias: 45 millones de pesos chilenos, equivalentes a un millón de dólares de esa época. Luego cargaron las cajas, hicieron subir al vehículo a los dos funcionarios del Banco del Estado y se alejaron del lugar. La camioneta era conducida por Francisco Díaz, individuo que aspiraba a integrar pronto
Se dirigieron a las afueras de la ciudad, a la pampa desolada y árida. En el sector de Chiu-Chiu obligan a los trabajadores bancarios a recostarse boca abajo sobre el suelo calichero. El agente de la CNI, Eduardo Villanueva, les descerraja un par de tiros en las nucas, y entierra los cuerpos de los infortunados bancarios.
Los asesinos regresaron a Calama para repartirse el botín. Una vez concluidas las macabras faenas, Hernández Anderson y Villanueva se dirigen a la ciudad de Arica donde comienzan a gastar dinero a manos llenas.
SE DESENREDA
Como los bancarios no aparecían, creció el rumor de que habían huido con el dinero y se estaban dando un gran festín fuera de Chile. Alguna prensa –adicta completamente al régimen dictatorial- aventuró incluso que los bancarios podrían pertenecer a una ‘célula terrorista’ que procuraba financiamiento para adquirir armas y combatir al gobierno de Pinochet. No obstante, la verdad comenzó a dilucidarse pronto.
A los pocos días de cometido el crimen, los asesinos comprendieron que la policía civil andaba sobre pistas que la llevarían sin remedio al esclarecimiento de la verdad. De modo que volvieron al lugar del fusilamiento, desenterraron los cadáveres en descomposición y los despedazaron con varias cargas de dinamita. La explosión fue tan poderosa que removió diecisiete toneladas de tierra, bajo las cuales quedaron sepultados los miembros dispersos de las víctimas.
Aquel horroroso acto fue de completa inutilidad, pues la policía civil esclareció el crimen a los días siguientes. Los cadáveres fueron rescatados a pedazos y se recuperó gran parte del dinero que había sido escondido en diferentes lugares de Calama y Arica. Una parte apareció en una quebrada, donde la había escondido un hermano del autor principal del crimen. Otra parte apareció en casa de su suegro, que era nada menos que el flamante alcalde municipal. Más de diez personas fueron arrestadas en conexión con el asalto y el asesinato y, de un modo u otro, todas tenían algún vínculo con el Gobierno.
La policía creía haber terminado su labor de limpieza cuando ocurrió un episodio imprevisto. El mayor del Ejército chileno y jefe de la Central Nacional de Información en la ciudad de Arica, Juan Delmas, apareció muerto en su coche en medio del desierto, con un tiro en la cabeza. A su lado estaba el revólver calibre 38 del cual había salido la bala. El mayor Juan Delmas, que ejercía su cargo con el nombre falso de Carlos Vargas, fue señalado por la Prensa como el autor intelectual del asalto.
Eduardo Villanueva, detenido por Investigaciones cuando cruzaba con varios millones la frontera hacia Tacna, demoró poco en confesar la verdad. Los detectives lo tenían en la mira porque se volvió loco gastando dinero a manos llenas en prostitutas y juergas. Pagaba, por ejemplo, 20 mil pesos de esa época para que le interpretaran la canción "El Rey" en los burdeles.
En los primeros interrogatorios, Villanueva demostró que se sentía protegido por
Una vez que Hernández Anderson cayó también en las manos de los detectives, ratificó esa última declaración de su subordinado Villanueva, culpando al mayor Juan Delmas como autor intelectual del ilícito. De los 45 millones sólo se recuperaron 20. La leyenda cuenta que una parte del botín está aún sepultada en pleno desierto.
LAS DUDAS RESPECTO DEL FUSILAMIENTO
Hernández y Villanueva fueron condenados a muerte y ejecutados en la cárcel de Calama, el
Pocos días después del fusilamiento, comenzó a circular el rumor de que los agentes de de la CNI estaban vivos y que todo había sido un tongo, un montaje más de la dictadura. Esta especie adquirió mayor volumen cuando Mónica Madariaga, ex ministra de Justicia en el régimen de Pinochet, aseguró haber visto con vida a Gabriel Hernández y a Eduardo Villanueva en Estados Unidos.
Sin embargo, ello es desmentido por el ex periodista policial del diario
Como reportero policial de
Marabolí cuenta que Hernández se convirtió en "mayor" del Ejército por decreto, sin haber hecho siquiera el Servicio Militar. Su suegro, Manuel Castillo Ibaceta, ex comandante del Regimiento Rancagua y alcalde de Arica, fue quien lo metió a
Respecto a Eduardo Villanueva afirma que en Arica era un "pato malo". Su apodo "Carasucia" se lo ganó de joven, cuando organizaba masivas peleas contra los conscriptos. Había sido buzo y traficante de drogas. "Se parecía a Elvis Presley. En Calama se vio lleno de poder", recuerda Marabolí, cuyo momento más difícil fue presenciar la muerte de ambos. "Una experiencia traumática. Me recordaba, mientras iban caminando (al paredón), todo lo que habíamos vivido durante nuestra amistad".
Sin embargo, mucha gente sigue poniendo en duda la veracidad del fusilamiento. Las declaraciones hechas por el ex periodista Sergio Marabolí al diario ‘La Cuarta’, dejan razonables intersticios de escepticismo al reconocer que ‘había sido amigo’ de los asesinos, asunto que para algunos incrédulos bien podía constituir una cortina destinada a tapar la verdad. Más aún si el ex periodista trabajaba para un medio escrito abiertamente pro Pinochet, el que estaba (y sigue estando) dirigido por conocidos empresarios que apoyaron a la dictadura a ultranza, sin remilgos ni arrepentimientos.
A su vez, Mónica Madariaga nunca ha echado pie atrás respecto de su propia declaración. Insiste en que vio a los criminales en Estados Unidos…y de allí nadie la saca.
El montaje pudo haber ocurrido, pues en esos años nuestra prensa nacional jamás se destacó por escribir la verdad de los sucesos que comprometían a los agentes del régimen militar y, en cambio, coadyuvó de manera entusiasta a ocultar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el gobierno totalitario. Ante esa irrefutable realidad, muchos chilenos optaron por informarse a través de medios extranjeros.
Uno de ellos, el diario ‘El País’, de España (de tendencia derechista), respecto de los asesinatos cometidos por agentes de
“”El general (Manuel ‘Mamo’) Contreras es hoy uno de los hombres más poderosos de Chile, y un rival implacable del general Humberto Gordon Rubio, director general del CNI, cuyos subalternos cometieron el crimen de Calama. Es, además, el director de una agencia privada de protección bancaria que no depende de ningún organismo oficial y a cuyo cargo está la custodia forzosa o voluntaria de todos los bancos de Chile. El general Contreras tiene también una gran influencia en el cuerpo de policía civil, que esclareció el crimen de Calama, y es, por último, uno de los propietarios de
Todo perfecto, como en el Chicago de Al Capone.””
Beatriz dijo
Qué buen recordatorio, porque tipos como estos asesinos despiadados gobernaron Chile durante 17 años y siguen haciéndolo gracias a sus nuevos socios, los renovados de la concertación.
11 Agosto 2008 | 04:20 PM