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La Coctelera

THE PASKIN, UN DIARIO DELIRANTE Y DE MALA LECHE

PARA PONERNOS DE RODILLA NOS TIENEN QUE CORTAR LAS PIERNAS

10 Agosto 2008

MEMORIAS DE MEDIO SIGLO: LOS ‘DINAMITEROS’ DE LA CNI Y EL FUSILAMIENTO SIMULADO


Artalex

Anécdotas de eventos acaecidos en la política, el deporte, el arte, la cultura, el sindicalismo, el agro, la calle y el barrio, aquí y allá, en Chile y en el extranjero …con la particular óptica y vivencia de quien nació antes del año 1950 y puede contarlo porque estuvo presente y sigue vivo.

Durante la dictadura de Pinochet, bajo el amparo del absoluto poder del golpismo militar, cualquier cosa indigna y terrible podía acontecerles a los ciudadanos honestos. Esta fue una de ellas, y ocurrió en Calama.

En la insondable vastedad del Norte Grande, allí donde la soledad vence a la imaginación, las arenas del desierto más árido del planeta guardan increíbles historias de maldad, pero reales merced al poder omnímodo que caracterizaba a los asesinos que gobernaban mediante el temor y las bayonetas bajo el falso disfraz de la bandera patria. Para esos individuos, amparados en el uniforme, nuestro indemne país era un pozo de dinero al cual había que echarle mano a destajo e impunemente.

La vida de los civiles les resultaba un asunto menor, intangible e incobrable. Para ellos, la ciudadanía significaba algo tan ajeno y mínimo como una llovizna en Islandia. Los millones de ‘paisas’ eran sólo algo similar a limones y cerdos…vale decir, jugo y grasa.

En la minera ciudad de Calama, enclavada en medio de la pampa nortina, se desarrollaría una más de las más detestables y cobardes acciones cometidas por agentes del estado totalitario, los que, amparados en el poder de las armas y en el temor de la población, decidieron alcanzar la riqueza económica mediante un golpe de criminal audacia. Era el mes de marzo del año 1981.

El único acontecimiento que había trastornado la rutina calameña en los años recientes fue el asalto armado a la sucursal del Banco del Estado en el pasado mes de diciembre. Por eso, el gerente de ese establecimiento, Luis Guillermo Martínez Ayala, y su cajero, Sergio Yánez Araya, entendieron como algo muy natural que dos funcionarlos de la ‘seguridad militar’ quisieran tomar medidas especiales para evitar futuros asaltos.

Esos hombres del ejército eran el jefe local de la Central Nacional de Informaciones (CNI), Gabriel Hernández Anderson, y su segundo, Eduardo Villanueva Márquez. Los funcionarios del banco los conocían bien desde hacía tiempo, pues en el mes de diciembre aquellos dos habían sido los encargados de investigar el asalto, sin ningún resultado positivo. A mediados de enero de 1981, Gabriel Hernández Anderson y Eduardo "Carasucia" Villanueva, proponen al agente Luis Martínez y el cajero Sergio Yáñez un operativo para evitar nuevos asaltos.

Eso fue, en efecto, lo que les dijeron los dos hombres que entraron a las oficinas del Banco el día 09 de marzo, a las 8.30 de la mañana, pidiéndoles que colaboraran con ellos para hacer un asalto fingido, algo así como una acción tendiente a ‘detectar fallas’ en la seguridad del establecimiento. Ese 09 de marzo era el día perfecto para el secreto "ejercicio": Codelco había depositado 45 millones de pesos para pagar el sueldo a los trabajadores de la minera.

Los funcionarios bancarios aceptaron de inmediato la proposición, y los dos agentes de la CNI regresaron en la tarde, cuando las puertas del local se encontraban cerradas y sólo se mantenían trabajando los dos infortunados empleados. En el silencio del momento y cubiertos por el disfraz de una ‘operación militar de seguridad’, los esbirros de la ‘inteligencia del ejército’ pusieron en acción el plan que, según ellos, los haría millonarios.

Lo primero que hicieron fue sacar todo el dinero que estaba a buen recaudo en la bóveda para ponerlo en varias cajas de manzanas que transportaron en una camioneta sin disco ni insignias: 45 millones de pesos chilenos, equivalentes a un millón de dólares de esa época. Luego cargaron las cajas, hicieron subir al vehículo a los dos funcionarios del Banco del Estado y se alejaron del lugar. La camioneta era conducida por Francisco Díaz, individuo que aspiraba a integrar pronto la CNI.

Se dirigieron a las afueras de la ciudad, a la pampa desolada y árida. En el sector de Chiu-Chiu obligan a los trabajadores bancarios a recostarse boca abajo sobre el suelo calichero. El agente de la CNI, Eduardo Villanueva, les descerraja un par de tiros en las nucas, y entierra los cuerpos de los infortunados bancarios.

Los asesinos regresaron a Calama para repartirse el botín. Una vez concluidas las macabras faenas, Hernández Anderson y Villanueva se dirigen a la ciudad de Arica donde comienzan a gastar dinero a manos llenas.

SE DESENREDA LA MADEJA

Como los bancarios no aparecían, creció el rumor de que habían huido con el dinero y se estaban dando un gran festín fuera de Chile. Alguna prensa –adicta completamente al régimen dictatorial- aventuró incluso que los bancarios podrían pertenecer a una ‘célula terrorista’ que procuraba financiamiento para adquirir armas y combatir al gobierno de Pinochet. No obstante, la verdad comenzó a dilucidarse pronto.

A los pocos días de cometido el crimen, los asesinos comprendieron que la policía civil andaba sobre pistas que la llevarían sin remedio al esclarecimiento de la verdad. De modo que volvieron al lugar del fusilamiento, desenterraron los cadáveres en descomposición y los despedazaron con varias cargas de dinamita. La explosión fue tan poderosa que removió diecisiete toneladas de tierra, bajo las cuales quedaron sepultados los miembros dispersos de las víctimas.

Aquel horroroso acto fue de completa inutilidad, pues la policía civil esclareció el crimen a los días siguientes. Los cadáveres fueron rescatados a pedazos y se recuperó gran parte del dinero que había sido escondido en diferentes lugares de Calama y Arica. Una parte apareció en una quebrada, donde la había escondido un hermano del autor principal del crimen. Otra parte apareció en casa de su suegro, que era nada menos que el flamante alcalde municipal. Más de diez personas fueron arrestadas en conexión con el asalto y el asesinato y, de un modo u otro, todas tenían algún vínculo con el Gobierno.

La policía creía haber terminado su labor de limpieza cuando ocurrió un episodio imprevisto. El mayor del Ejército chileno y jefe de la Central Nacional de Información en la ciudad de Arica, Juan Delmas, apareció muerto en su coche en medio del desierto, con un tiro en la cabeza. A su lado estaba el revólver calibre 38 del cual había salido la bala. El mayor Juan Delmas, que ejercía su cargo con el nombre falso de Carlos Vargas, fue señalado por la Prensa como el autor intelectual del asalto.

Eduardo Villanueva, detenido por Investigaciones cuando cruzaba con varios millones la frontera hacia Tacna, demoró poco en confesar la verdad. Los detectives lo tenían en la mira porque se volvió loco gastando dinero a manos llenas en prostitutas y juergas. Pagaba, por ejemplo, 20 mil pesos de esa época para que le interpretaran la canción "El Rey" en los burdeles.

En los primeros interrogatorios, Villanueva demostró que se sentía protegido por la CNI y que nada podría ocurrirle; por ello, sin dudar un instante, relató los entreveros del plan fraguado por Hernández Anderson (su jefe) y culpó directamente a su superior jerárquico, el mayor de ejército Juan Delmas, quien dirigía la CNI en Arica. El testimonio de Villanueva indicó que Delmas estaba al tanto de la operación –la había autorizado- pues necesitaba mucho dinero para realizar algunas ‘acciones’ en el extranjero, en beneficio del régimen y para ‘proteger a la patria.

Una vez que Hernández Anderson cayó también en las manos de los detectives, ratificó esa última declaración de su subordinado Villanueva, culpando al mayor Juan Delmas como autor intelectual del ilícito. De los 45 millones sólo se recuperaron 20. La leyenda cuenta que una parte del botín está aún sepultada en pleno desierto.

LAS DUDAS RESPECTO DEL FUSILAMIENTO

Hernández y Villanueva fueron condenados a muerte y ejecutados en la cárcel de Calama, el 22 de octubre de 1982. Gendarmería informó que al segundo de los nombrados –Villanueva- hubo que darle el tiro de gracia. Francisco Díaz, el conductor de la camioneta que aspiraba a ser parte de la CNI, fue sentenciado a cadena perpetua, pero algunos años más tarde obtuvo su libertad y se sabe que se radicó finalmente en Arica.

Pocos días después del fusilamiento, comenzó a circular el rumor de que los agentes de de la CNI estaban vivos y que todo había sido un tongo, un montaje más de la dictadura. Esta especie adquirió mayor volumen cuando Mónica Madariaga, ex ministra de Justicia en el régimen de Pinochet, aseguró haber visto con vida a Gabriel Hernández y a Eduardo Villanueva en Estados Unidos.

Sin embargo, ello es desmentido por el ex periodista policial del diario La Tercera –Sergio Marabolí- uno de los que más sabía del caso y de la vida de los asesinos. Fue, además, testigo privilegiado del fusilamiento.

Como reportero policial de La Tercera viajó a Calama, donde investigó el tema durante varios días. Pero, su ventaja era otra: había compartido desde niño con los asesinos. A Gabriel Hernández lo conoció en el Colegio San Marcos de Arica, donde fueron compañeros de curso. "Este cabro fue de la Juventud Nacional. Era muy distinguido. Su padre, del mismo nombre, era juez de Policía Local. Además fue campeón de ajedrez y scout", recuerda el ex periodista.

Marabolí cuenta que Hernández se convirtió en "mayor" del Ejército por decreto, sin haber hecho siquiera el Servicio Militar. Su suegro, Manuel Castillo Ibaceta, ex comandante del Regimiento Rancagua y alcalde de Arica, fue quien lo metió a la CNI.

Respecto a Eduardo Villanueva afirma que en Arica era un "pato malo". Su apodo "Carasucia" se lo ganó de joven, cuando organizaba masivas peleas contra los conscriptos. Había sido buzo y traficante de drogas. "Se parecía a Elvis Presley. En Calama se vio lleno de poder", recuerda Marabolí, cuyo momento más difícil fue presenciar la muerte de ambos. "Una experiencia traumática. Me recordaba, mientras iban caminando (al paredón), todo lo que habíamos vivido durante nuestra amistad".

Sin embargo, mucha gente sigue poniendo en duda la veracidad del fusilamiento. Las declaraciones hechas por el ex periodista Sergio Marabolí al diario ‘La Cuarta’, dejan razonables intersticios de escepticismo al reconocer que ‘había sido amigo’ de los asesinos, asunto que para algunos incrédulos bien podía constituir una cortina destinada a tapar la verdad. Más aún si el ex periodista trabajaba para un medio escrito abiertamente pro Pinochet, el que estaba (y sigue estando) dirigido por conocidos empresarios que apoyaron a la dictadura a ultranza, sin remilgos ni arrepentimientos.

A su vez, Mónica Madariaga nunca ha echado pie atrás respecto de su propia declaración. Insiste en que vio a los criminales en Estados Unidos…y de allí nadie la saca.

El montaje pudo haber ocurrido, pues en esos años nuestra prensa nacional jamás se destacó por escribir la verdad de los sucesos que comprometían a los agentes del régimen militar y, en cambio, coadyuvó de manera entusiasta a ocultar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el gobierno totalitario. Ante esa irrefutable realidad, muchos chilenos optaron por informarse a través de medios extranjeros.

Uno de ellos, el diario ‘El País’, de España (de tendencia derechista), respecto de los asesinatos cometidos por agentes de la CNI en Calama, publicó lo siguiente en el año 1981:

“”El general (Manuel ‘Mamo’) Contreras es hoy uno de los hombres más poderosos de Chile, y un rival implacable del general Humberto Gordon Rubio, director general del CNI, cuyos subalternos cometieron el crimen de Calama. Es, además, el director de una agencia privada de protección bancaria que no depende de ningún organismo oficial y a cuyo cargo está la custodia forzosa o voluntaria de todos los bancos de Chile. El general Contreras tiene también una gran influencia en el cuerpo de policía civil, que esclareció el crimen de Calama, y es, por último, uno de los propietarios de La Tercera, un periódico amarillo que destapó y divulgó a grandes voces la culpabilidad de la CNI.

Todo perfecto, como en el Chicago de Al Capone.””

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servido por elpaskin4 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Beatriz

Beatriz dijo

Qué buen recordatorio, porque tipos como estos asesinos despiadados gobernaron Chile durante 17 años y siguen haciéndolo gracias a sus nuevos socios, los renovados de la concertación.

11 Agosto 2008 | 04:20 PM

Juan Carlos

Juan Carlos dijo

impactante. yo tenía 11 años de edad en esa época. este es un hecho que muestra la crueldad de la dictadura de pinochet que muchos derechistas añoran y quieren revivir.

14 Agosto 2008 | 10:35 PM

José Martínez Fernández

José Martínez Fernández dijo

Realmente los asesinos de los bancarios de Chuquicamata -Hernández y Villanueva- fueron fusilados. Decir otra cosa resulta errado.
Yo investigué y seguí el proceso de ellos y entrevisté a familiares de los agentes CNI y de una de las víctimas y dialogué con el periodista Eduardo Alegría Olivares, que presenció el fusilamiento de los acusados.
De la plata perdida debe interrogarse a ex-agentes de la CNI y de Investigaciones.
Es falso que Madariaga no se haya retractado de haber dicho que vio vivo a los fusilados. En Televisión -y en DEMOCRACIA- dijo que fue mal interpretada.
Mi investigación me costó un secuestro por parte de la CNI de Arica y un allanamiento por parte de la policía política de Investigaciones: el GOT (Grupo de Operaciones Tácticas), dirigido por JUAN DÍAZ JARA.
Todo ello llevó a que se entablara un juicio en contra de Investigaciones por parte mía patrocinado por el abogado Héctor Salazar.
El tribunal a cargo del juez Raymundo Díaz Gamboa JAMÁS llegó a interrogar a mis allanadores que se llevaron cartas de Villanueva y otros documentos.
En DEMOCRACIA Díaz Gamboa fue nombrado miembro de la Corte de Apelaciones de Santiago.
Desafío al Ministro Alejandro Madrid a que me interrogue para indicarle los antecedentes que poseo.

JOSÉ GONZALO MARTÍNEZ FERNÁNDEZ.
Autor del libro "CALAMA: EL CRIMEN DEL SIGLO".

3 Enero 2009 | 12:28 AM

Eduardo Alegría Olivares

Eduardo Alegría Olivares dijo

En honor a la verdad, el artículo en relación a los "Chacales del desierto de Calama" registra muchas impresiones. Lo que sí está claro que con la muerte del mayor Delmas (Vargas) y, posterior fusilamiento de Hernández y Villanueva, muchos quedaron protegidos. Fueron los "chivos expiatorios" de una maquinaria sanguinaria y de muerte que operaba amparada por el Estado de la época, donde uniformados e inclusos muchos civiles participaban de estas siniestras maniobras. El silenciar sus vidas, evitó que el espiral de la investigación llegará a los verdaderos autores. No debemos olvidar que era muy común los robos y asaltos a los bancos durante fines de los 70 y los primero años de los 80. El gobierno siempre acusó a los extremistas, siendo probable que si se hubiese investigado cada uno de ellos con acuciosidad, los hechos acontecido en Calma no se hubiesen registrado, porque hubiésemos sabido antes que los verdaderos autores estaban dentro del aparataje de represión del Estado de Chile. ¿Algún juez hubiese sido tan valiente en Chile para ordenar investigar a fondo cada uno de los hechos que acontecían en aquella época en el país?.
Es importante saber dónde están los 15 millones de dólares que nunca fueron encontrados, tras la detención de Hernández y Villanueva. Estos no se los tragó la tierra ni están escondidos en el desierto, como apunta la nota, estos quedaron en poder de personas u, en la propia CNI para continuar con la represión de miles de chilenos.
En cuanto a que Mónica Madariaga vio a los ex CNI en España es absolutamente falso. Es algo que popularmente se inventó y no existe artículo de prensa alguno que lo avale, de manera que mal podría indicarse a ella como autora de esos dichos. Lo que sí es cierto, es que la esposa de Hernández y sus hijos se fueron a vivir a España, desconozco si habrán retornado o hicieron su vida en Europa, pero la decisión familiar fue por algo razonable :los menores no tenían culpa alguna de tener un padre criminal. La única forma que pudieran llevar una vida sana y normal era viajar para criarse y crecer en cualquier parte del extranjero, porque de quedarse en Arica, desde donde son originarios, o en cualquier otra ciudad les sería imposible por el llevar el apellido de uno de los asesinos de los bancarios del Banco del Estado. coronel (r) Manuel Castillo Ibaceta, Alcalde de Arica en aquellos años y suegro de Hernández tenía influencia y contactos, de manera que para él lo más sensato y como una forma de limpiar el honor de la familia ensangrentada por Hernández, era enviarlos fuera del territorio nacional.
Fui uno de los periodistas que en aquellos años me desempeñaba en el Mercurio de Calama, de manera que me correspondió cubrir el caso desde sus inicios y, también fui testigo del fusilamiento de ambos. Durante el desarrollo de los hechos, tuve problemas con las autoridades militares de la época, acusándome incluso de "contraponer al pueblo contra las autoridades" y esto como consecuencia que los Alcalde sde Calama y San Pedro de Atacama, amigos Hernández y Villanueva, declararon durante el proceso a favor de quienes posteriormente serían fusilados. Como un periodista no es noticia y, que todo lo que enfrenté fueron sólo amenazas, esto no me coarto seguir escribiendo lo que verdaderamente sabía, por lo que agradezco a El Mercurio de Calama que, en los momentos difíciles, me dio todo su respaldo para continuar investigando y trabajando cuando algunos pedían que rodara mi cabeza. No olvidar que los degollados ( Nattino, Parada, Guerrero ) ocurrió en 1985, mucho después del fusilamiento.
En mi poder, aún conservo la Sentencia de Primera Instancia que por aquellos años tuve en exclusiva y que posteriormente facilité a José Martínez Fernández, interesado en escribir un libro - el cual aún no conozco - para que lo tuviera como elemento de apoyo.
Creo, conocer mejor que ningún otro periodista, lo que efectivamente ocurrió e incluso, como se atrapó y logró confesar el crimen por parte de funcionarios de Investigaciones de Calama, a quienes incluso los CNI estaban acusando de ser también parte de la operación robo y crimen del Banco del Estado.
Lo que nunca pude hacer profesionalmente fue entrevistar a Hernández y Villanueva cuando ambos estaban recluidos en la cárcel. de Calama El único periodista que lo hizo fue Pablo Honorato. Recuerdo aún que el padre de Hernandez, abogado Gabriel Hernández, me señaló: "para que lo va entrevistar usted, si ya hemos llegado a un acuerdo para que lo hago el señor Honorato".
Eduardo Alegría Olivares
revistacrisol@asdl.tie.cl

29 Mayo 2010 | 06:07 PM

Eduardo Alegría Olivares

Eduardo Alegría Olivares dijo

En honor a la verdad, el artículo en relación a los "Chacales del desierto de Calama" registra muchas impresiones. Lo que sí está claro que con la muerte del mayor Delmas (Vargas) y, posterior fusilamiento de Hernández y Villanueva, muchos quedaron protegidos. Fueron los "chivos expiatorios" de una maquinaria sanguinaria y de muerte que operaba amparada por el Estado de la época, donde uniformados e inclusos muchos civiles participaban de estas siniestras maniobras. El silenciar sus vidas, evitó que el espiral de la investigación llegará a los verdaderos autores. No debemos olvidar que era muy común los robos y asaltos a los bancos durante fines de los 70 y los primero años de los 80. El gobierno siempre acusó a los extremistas, siendo probable que si se hubiese investigado cada uno de ellos con acuciosidad, los hechos acontecido en Calma no se hubiesen registrado, porque hubiésemos sabido antes que los verdaderos autores estaban dentro del aparataje de represión del Estado de Chile. ¿Algún juez hubiese sido tan valiente en Chile para ordenar investigar a fondo cada uno de los hechos que acontecían en aquella época en el país?.
Es importante saber dónde están los 15 millones de dólares que nunca fueron encontrados, tras la detención de Hernández y Villanueva. Estos no se los tragó la tierra ni están escondidos en el desierto, como apunta la nota, estos quedaron en poder de personas u, en la propia CNI para continuar con la represión de miles de chilenos.
En cuanto a que Mónica Madariaga vio a los ex CNI en España es absolutamente falso. Es algo que popularmente se inventó y no existe artículo de prensa alguno que lo avale, de manera que mal podría indicarse a ella como autora de esos dichos. Lo que sí es cierto, es que la esposa de Hernández y sus hijos se fueron a vivir a España, desconozco si habrán retornado o hicieron su vida en Europa, pero la decisión familiar fue por algo razonable :los menores no tenían culpa alguna de tener un padre criminal. La única forma que pudieran llevar una vida sana y normal era viajar para criarse y crecer en cualquier parte del extranjero, porque de quedarse en Arica, desde donde son originarios, o en cualquier otra ciudad les sería imposible por el llevar el apellido de uno de los asesinos de los bancarios del Banco del Estado. coronel (r) Manuel Castillo Ibaceta, Alcalde de Arica en aquellos años y suegro de Hernández tenía influencia y contactos, de manera que para él lo más sensato y como una forma de limpiar el honor de la familia ensangrentada por Hernández, era enviarlos fuera del territorio nacional.
Fui uno de los periodistas que en aquellos años me desempeñaba en el Mercurio de Calama, de manera que me correspondió cubrir el caso desde sus inicios y, también fui testigo del fusilamiento de ambos. Durante el desarrollo de los hechos, tuve problemas con las autoridades militares de la época, acusándome incluso de "contraponer al pueblo contra las autoridades" y esto como consecuencia que los Alcalde sde Calama y San Pedro de Atacama, amigos Hernández y Villanueva, declararon durante el proceso a favor de quienes posteriormente serían fusilados. Como un periodista no es noticia y, que todo lo que enfrenté fueron sólo amenazas, esto no me coarto seguir escribiendo lo que verdaderamente sabía, por lo que agradezco a El Mercurio de Calama que, en los momentos difíciles, me dio todo su respaldo para continuar investigando y trabajando cuando algunos pedían que rodara mi cabeza. No olvidar que los degollados ( Nattino, Parada, Guerrero ) ocurrió en 1985, mucho después del fusilamiento.
En mi poder, aún conservo la Sentencia de Primera Instancia que por aquellos años tuve en exclusiva y que posteriormente facilité a José Martínez Fernández, interesado en escribir un libro - el cual aún no conozco - para que lo tuviera como elemento de apoyo.
Creo, conocer mejor que ningún otro periodista, lo que efectivamente ocurrió e incluso, como se atrapó y logró confesar el crimen por parte de funcionarios de Investigaciones de Calama, a quienes incluso los CNI estaban acusando de ser también parte de la operación robo y crimen del Banco del Estado.
Lo que nunca pude hacer profesionalmente fue entrevistar a Hernández y Villanueva cuando ambos estaban recluidos en la cárcel. de Calama El único periodista que lo hizo fue Pablo Honorato. Recuerdo aún que el padre de Hernandez, abogado Gabriel Hernández, me señaló: "para que lo va entrevistar usted, si ya hemos llegado a un acuerdo para que lo hago el señor Honorato".
Eduardo Alegría Olivares
revistacrisol@asdl.tie.cl

29 Mayo 2010 | 06:08 PM

José Martínez Fernández

José Martínez Fernández dijo

EDUARDO ALEGRÍA OLIVARES, mi gran amigo periodista del que no sé hace años dice la absoluta verdad.
Yo lo mencioné en mi libro sobre el Caso Calama sobre uno de los mejores conocedores de ese hecho.
Mi libro obtuvo muchas fuentes en su momento que mencioné en mi libro sin ciatralo más que una vez a él, ya que podía perjudicarlo en el medio periodístico en que trabajaba.
Hoy me gustaría poderme contactar con ese gran periodista que es EDUARDO ALEGRÍA OLIVARES.

José G. Martínez Fernández.

30 Mayo 2010 | 01:24 AM

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