DR. HANNIBAL LECTER

Escena Uno: Este fin de semana a mi llegada a la Consulta que tengo en Rancagua, mi nueva asistente me hace señas de que un insistente paciente esta en la línea telefónica. Modulando los labios en silencio me dice: “Iván Moreira”. Sin querer responder a tamaño troglodita, acerco el auricular y digo ‘aló’. No alcancé a saludar al simio, cuando por la puerta marmolada del consultorio se abre de par en par y entran dos agentes de matrix revisando todo. Mi secretaria asustada grita despavorida mientras nos apuntan con dos Luger que me recuerdan a la policía secreta alemana de la II Guerra Mundial.

“¡Despejado!” habla un agente llevándose a la mano a su oreja. En esos momentos, ingresa con celular en mano, nada menos que Iván Moreira.

Diputado Moreira: “Hola Dr. Lecter… hace tiempo que tenía ganas de visitarlo, pero como sabía que abortaría una cita si le hablaba por teléfono, me adelanté a su jugada y aquí me tiene… ¿Qué me dice?”.

Dr. Lecter: “¿Qué quiere que le diga ‘honorable’? lo que dicen de Ud. al parecer es bastante cierto: es sencillamente un orangután.”

Diputado Moreira: “Me halaga Dr.” (en esos momentos sentí que el simio no entendió la directa ironía sobre él. Nota para la entrevista: Carece d entendimiento en la memoria de corto plazo) “Mis agentes, siempre leales extraídos de las antiguas y patrióticas fuerzas de hinteligencia del gobierno de mi general, me cuidan las espaldas en estos tiempos marxistas – leninistas”.

Dr. Lecter: “mmm… creo que sufre de un severo desordenamiento de contexto histórico diputado. Ya no hay ese tipo de seres a los que se refiere. Hoy la mayoría son pujantes empresarios… en fin, como veo que tendré que atenderlo fuera de mi voluntad… pasé al diván”

En ese momento, los agentes de matrix, ingresan a mi oficina y allí mismo, corto el asunto muy molesto. “¡momento señores! ¡Esta es una oficina privada!... ¡señor Moreira: saque inmediatamente a estos primates o no conversamos más!”. A regañadientes Moreira castañea los dedos y al instante ambos homínidos se disponen al lado externa de mi oficina. Al cierre de la puerta indico a mi asistente que me sirva una Canada Dry y un par de bananas al diputado.

Dr. Lecter: “Bien.., mi hinteligente amigo: ¿a que ha venido tan estrepitosamente compulsivo a mi humilde consultorio?”

Diputado Moreira (haciendo sonidos parecido a un chimpancé): “En realidad Dr. Vengo porque tengo problemas de nostalgia. Extraño esas tardes en la casa de mi general, donde conversábamos del devenir de Chile y todo lo que planificábamos para desaparecer el marxismo en Chile. Hecho de menos a mi general y me siento sólo en la lucha contra los marxistas leninistas de Chile”.

Dr. Lecter: “En realidad diputado, me parece que ya no quedan. Por el contrario, fuera de mi regular morbo, le podría asegurar que sus estrategias de aniquilamiento físico no fueron tan efectivas como las relacionadas con la ideológica. Le puedo asegurar que no queda ni uno que crea en los modos de producción y el brillante análisis de Marx”.

Diputado Moreira: “Es que Ud. no entiende tampoco el abandono que han sufrido los nobles y singulares hijos y esposa de mi general. Me solicito en un sueño (para que vea que Longueira no es el único que recibe mensajes santos del más allá) que viniera donde Ud. porque me tendría un mensaje”.

Dr. Lecter: “¿Está seguro de ello diputado? (pregunto con un acento ya casi evidentemente irónico). Me intriga saber el cómo se dio cuenta de que recibía mensajes de su general. ¿Podría explayarse sobre el particular?

Diputado Moreira: “Yo voy a la misa dominical del ejercito que regularmente efectúa el padre Hasbún. Allí mientras oraba, vi que del cielo de la capilla, se dibujaba en la cara de un ángel la cara de mi general que me decía: (con voz tenebrosa) ‘Iván.. Iván ¿Por qué has abandonado a mi familia?’. Entonces, vi la luz divina que bordeaba sobre mi reloj de la Fundación Pinochet hecho en oro con la firma del general”.

Dr. Lecter: “¿y?” (profundamente confundido con las alucinaciones del diputado).

Diputado Moreira: “Eso es pues Dr. Es la evidencia de que mi general me habló”.

Dr. Lecter: “Sr diputado. ¿Realmente cree que el general Pinochet le habló por intermedio de su reloj de oro? ¿no será que el reloj está dando la hora?”.

Diputado: “Frecuentemente mis colegas de la UDI me dicen eso en el congreso, pero yo los niego porque abandonaron a mi general desde que Joaco decidió renegar de su pasado fascista”.

Dr. Lecter: “podríamos darle crédito a su ex candidato ¿no cree? Después de todo, no es malo reconocer que uno tiene sus perversiones.”

Diputado Moreira: “¡Ud. está en mi contra Dr. Lecter! ¡que se cree su comunista de mierda!”

Escena Dos: En ese momento, el diputado Moreira salta encima de mi escritorio y, saltando como un mono, comienza en emitir gruñidos de chimpancé agresivo. Toma las bananas y las aprieta lanzándolas al ventanal que da al ‘paseo’ (cámara de calor) Independencia. Grita desaforado y sus guardias en ese momento irrumpen violentamente sobre la oficina.

Sin saber como, me maniatan las manos por la espalda y dan golpes en el rostro y estómago. Mi asistente ha sido amordazada en la silla por lo que no puede apretar el ahora útil botón de pánico que me dejo Joaquín la semana pasada. Moreira, como la película ‘el Planeta de los Simios”, se acerca a mi rostro con un fétido hálito que me hace dudar si realmente este simio es humano o primate. De un momento a otro, los agentes de inteligencia me levantan de mi escritorio y me ponen mi siempre singular máscara para que no los muerda. La Canada Dry a estas alturas, está vaciada en la alfombra dando sus últimos efectos de burbujeante sabor.

Escena tres: soy conducido maniatado con máscara por los pasillos del oscuro edificio al costado de la plaza. La indiferencia de los rancagüinos en el ‘paseo’ Independencia, permite que la labor de los agentes sea realizada con exquisita eficiencia y silencio. Avanzamos rtaudos por calle Estado al lado de la Catedral. Hay imágenes borrosas producidas por un pinchado efectuado en mi muslo derecho: sin duda alguna me han narcotizado. Por la parte posterior del Liceo de Niñas María Luisa Bombal, comienzo a ver borrosas imágenes de liceanas. Escucho lo que queda de voz del singular ‘Julio Iglesias’ molestando a las cada vez menos pulcras estudiantes. Quedan pocos minutos para que el narcótico ingrese a mi hipotálamo. Debo conservar energías solo en la concentración para saber donde será mi destino.

Un BMW azul platinado espera con el motor encendido y las puertas abiertas mi llegada. Me abultan en el maletero y parten en dirección desconocida. El efecto de la dopamina ya alcanza el lóbulo parietal derecho de mi confuso cerebro. Había pasado por esto cuando fui detenido por la agente del FBI Clarice Sterling hace años, sin embargo, logré ocultarme en este singular país arrancando con las mínimas fuerzas.

No se donde voy, pero se que no es nada bueno. Tanto alboroto para capturarme por un diputado que muy semejante a un neandertal. ¿Cómo será posible que humanos con facultades mínimas y una cultura cívica incipiente sea capaz de elegir este tipo de personajes? Ni modo, los pueblos tienen los representantes que se merecen.

Caigo en un sueño profundo, alucinógeno y atemporal.

Continuará…

Dr. Lecter