EL CONSULTORIO DEL DR. HANNIBAL LECTER
CON DON JOAQUÍN LAVÍN
Han llegado varios curriculums de secretarias. He decidido contratar a aquellas que no reúnan el perfil de un plato de belle cousine. No quiero gastar más tiempo en esto ya que es agotador y frívolo a la vez, entrevistar a futuros senos macerados en oporto y romero. Decido quedarme con una que no congregue ninguna cualidad para mi dieta. Ha pasado una semana desde que se fue el Sr. Valenzuela. He recibido llamados de Santiago desde donde se me ha confirmado la cita de este fin de semana. Espero a mi nuevo paciente que no tiene ficha clínica pues dijo estar dateado por el senador de esta región con aires de ‘pelolais’, enfermizamente victimizante y una pose de Jesucristo que ni el se la cree.
A la nueva secretaria le ordeno realice un consolidado de prensa para sacar el perfil de mi paciente. Ya provista de la carpeta, me la entrega con exquisito orden y delicadeza. Su letra delata la presencia de una mujer que esconde bajo sus anteojos una profunda compulsión por el sadomasoquismo. Bien se dice que Mefistófeles nos junta, je, je, je.
Me impresiona la cantidad de veces que mi nuevo cliente aparece en la prensa. Dos veces candidato a
Se abren las exclusivas puertas de mármol de mi consulta y aparece el sonriente y siempre saludante Sr. Joaquín Lavín Infante. Desde lejos quedo con la duda de si la sonrisa es real o es parte de una cirugía plástica donada por canal 13. Tengo la sensación de estar ante el Guasón (percepción que en términos criminológicos no me molesta, al contrario, me agrada). El Vocero del Gobierno ante
Sr. Lavín: “Buenos días Dr. He venido recomendado por el senador sociolisto de la zona.”
Dr. Lecter: “Escueto es Ud. Sr. Lavín. Cuando me enteré de que venía a mi consulta un candidato a
Sr. Lavín: “Me confunde eminencia. Yo no soy aquel que por la noche ya no duerme. No soy aquel que confunde a la opinión pública. Yo soy aquel que el pueblo espera. Soy el salvador, el mesías chileno”
Dr. Lecter: “mmm… ¿porqué será que veo en Ud. el mismo cuadro clínico que un diputado que entreviste la semana pasada? En fin. ¿A que debo el honor de su visita?”
Sr. Lavín: “Bueno, la verdad es que yo no soy político…”
Dr. Lecter: (silencios en la sala, suenan grillos y enarco la ceja en señal de más fundamentos). “mmm… ¿y?”
Sr. Lavín: “Sucede que en
Dr. Lecter: “Es Ud. exageradamente integracionista Sr. Lavín: ¿Cómo cree que alguien podría creer, valga la redundancia, en ello?. Tiene problemas serios en matemáticas estimado ya que al parecer no sabe lo que es el ‘mínimo común denominador”. Recuerde que hasta en las matemáticas se dice ‘mínimo’. Pero… por favor… ilústreme sus ideas”.
Sr. Lavín: “Agradezco su comentarios, pero déjeme recordarle que yo estudie en el extranjero donde hice mis postgrados y soy miembro de
Dr. Lecter: “Felicito su valentía por venir a meterse a mi consulta. Eso no lo entiendo. ¿Me podría explicar que hace aquí en un lugar opuesto a sus convicciones?”.
Sr. Lavín: “Dr. Lecter, he venido a invitarlo a participar en el gran conglomerado bacheletista-aliancista-comunista.”
Dr. Lecter: (silencios nuevamente acompañados de muchos más grillos)…“Perdóneme que le responda de manera tan poco clínica y académica, pero… ¡Ud. esta loco!”.
Sr. Lavín: “Había pensado en Ud. por el gran aporte que haría en devorar a los delincuentes, a sus familias y, de esa manera, contribuir a la seguridad ciudadana. Pensé en colocar una bocina de pánico en su oficina. De ese modo, cuando se detenga a un delincuente, Ud., puede dar paso a su crapulencia y servirse de él”.
Dr. Lecter: “Hábil, Sr. Lavín, muy hábil pero subestimador. ¿Ud. cree que este Dr. consume flaites? Para su información, si, me deleita la piel humana, mas cuando se trata de consumir la bajeza humana. En mi opinión, ese plato solo se da en las altas esferas, ya que la condición de la pobreza, si bien no produce o predispone como Ud. cree a la delincuencia, sí altera el desarrollo de las personas. Por eso prefiero los platos humanos del poder, ya que teniendo todo y de todo, no son capaces de sentir lo que dicen por el ser humano.
Sr. Lavín: “Yo no soy una persona de odios ni rencores que es la enseñanza de Raúl Hasbún, tipo serio y responsable con su palabra. Al contrario, creo que los polos opuestos tenemos muchas cosas en común por el bien de Chile”.
Dr. Lecter: “¿De Chile o los emparentamientos entre los patricios?”.
Sr. Lavín: “Como sea, pues igual se detendrá la delincuencia. Las empresas ya no tendrán conflictos laborales, pues funcionarán como las recordadas Haciendas que
Dr. Lecter: “Estimado, no es necesario extender más esta entrevista ya que se cual es su diagnóstico clínico”.
Sr. Lavín: ¿Cuál sería galeno del cerebro?”.
Dr. Lecter: “Ud. sufre de matemáticas y sentido común, ya que trata de integrar una clase que ya está integrada hace ratos por parentescos, asados de fin de semana, acciones y apoderados. Además sufre una severa compulsión por unir lo impegable. Eso se debe a otro problema, más filosófico que psiquiátrico Sr. Lavín.”
Sr. Lavín: “Y que sería eso Dr.”
Dr. Lecter: “Es filosófico porque no se ha dado cuenta de que en su ‘pensamiento’ hay una gran confusión: no se puede ser liberal en lo económico, autoritario en lo político y conservador en lo cultural. ¡Horror!, no hay ‘mínimo común denominador’. Amigo mío, cuando resuelva ese enigma me avisa. De momento, le receto volver al anonimato: me dejó enfermo de verlo tanto en la televisión”.
El ex alcalde, siempre sonriente y muy caballero, se retira por la ampulosa puerta. En realidad me da un poco de lastima este singular personaje. Casi convenciéndome de su rectitud. La secretaria me dice que tengo un llamado. Tomo el fono y escucho justamente la voz que no quería ni oír ni atender por miedo a mi propiedad. Aprovecho de grabar la conversación de este nuevo paciente, del cual nunca se sabe que va a pasar. Acepto su proposición apuntando su nombre en la agenda de la próxima semana. Esta vez mis honorarios serán cancelados, dice, desde la distancia. Por lo pronto llamo a Victoria, mi asistente, mi futura compañera de platillos. Trayéndome un Jack Daniel’s seco y bien helado, se retira aparatosamente sensual al cabo que guiña sus largas pestañas en sus oscuros y profundos ojos: un secreto se esconde bajo su furtiva mirada.
Dr. H. Lecter

Clarice Sterling dijo
Este estuvo de culto....
Muy buena Doctor
su admiradora secreta
19 Noviembre 2007 | 02:53 PM