EL CONSULTORIO DEL DR. LECTER: ESTA SEMANA CON EL DIPUTADO VALENZUELA VT
Hoy: Recuerdos de mí entrevista con el honorable Esteban Valenzuela
9:30 de la mañana. El sol pega en mi ventana trayéndome viejos recuerdos de esos días calurosos en el valle del Mapocho. Una Canada dry bien helada refresca el espesor del creciente smog de esta extraña ciudad, mezcla de aires de urbe y burdel minero. Mi secretaria, esa mezcla incandescente entre Sharon Stone y el azabache pelo latino, confirman que mi desayuno no fue contundente. Un magro centeno con palta y ave (aunque en rigor desearía un filete extraído de las piernas de mi secretaria) acompañado de su voz tan estrepitosamente chillona que me hace volver a la realidad recordándome que tengo una incómoda cita.
Solicito a la ayudante tenga la voluntad de ir al gabinete y alcanzarme la ficha clínica de mi paciente para observar su historial. Extrañamente, gran parte del material no se encuentra. Un antiguo amigo mencionaba que el arte de hacer desapariciones era una virtud propia de magos y homicidas, sin embargo, las grabaciones de la cita con este paciente habían desaparecido en extrañas circunstancias. ¿Se las podría haber llevado en el momento en que le solicité me esperara un minuto para ir al excusado?. Un adminículo tipo “chapita” con una inscripción tan poco elegante y sugestiva, sería la pista incriminatoria: allí se leía “atina.cl”. Desde siempre ese clan me provocó una sensación de estar frente a una suerte de culposos vendedores de “herbalife” pero con un cierto tinte de mesianismo post “floreano” al cual sus súbditos le hacen reverencias tal como lo hacen los fanáticos religiosos. En fin, allá ellos.
Con la falta de material en mi mano, recuerdo sus ojos claros que bien podrían acompañar un buen vino blanco y no sé que más. Esas imágenes sumadas a mi singular dieta, hacen que definitivamente un emparedado de piernas de secretaria sea más nutritivo que un centeno. Nota al margen: contratar nueva asistente ya que me faltará una este fin de semana.
Suena el timbre de mi oscura consulta y se abre la también oscura puerta dejando a su vez una oscura silueta. Mi paciente ha llegado y cancela mis honorarios por adelantado. La frecuencia de este tipo de clientes me ha obligado asegurar el pago antes de atenderlos. Ese dato me lo dio un sereno caballero que ha participado en muchas campañas políticas locales con funestos préstamos económicos y también, funestas devoluciones de favores. Mi paciente se acerca a mi despacho y espera que me levante a saludarlo. Negando el acto de cortesía le invito a recostarse en mi diván. Ellos siempre creen que todo el mundo debe rendirles pleitesía. Nota al margen dos: Quitar esa mañosa mala costumbre en otras sesiones.
Mi visitante no necesita presentación, es nada más y nada menos que Esteban Valenzuela Van–Treek (él insiste en recalcar su segundo apellido pues le da, según me dice, un “cierto” aire nórdico… yo también remarco, “si… según UD.”). Sin más cavilaciones, esto fue lo que aconteció:
Diputado: “Buenos Dr., acá vengo a visitarlo nuevamente después de varios meses. Me han pasado tantas cosas y estoy siendo atacado por tanta gente que me he visto en la molesta obligación de evaluar mis actos. No se porqué la gente ya no me quiere como antes”.
Dr. Lecter: “Felicitaciones mi querido congresista. No es un hábito muy común que los honorables tiendan a ser autocríticos. Al parecer sus recientes estudios le han brindado cierto nivel humano”.
Diputado: “No se confunda Dr. En realidad el comentario está dirigido porque luego vienen nuevas elecciones y yo ahora estoy en un proyecto más interesante que en el que me embarque en el PPD. Le cuento. Sucede que me tienen harto los ppdés. Siempre se han dividido al amparo de nombres caudillistas y, como mi partido no tiene tendencias siempre hay ‘guirardistas’, ‘floristas’, ‘bitaristas’ y cuanto individuo tiene rating en la opinión pública. De eso me cansé.”
Dr. Lecter: “(cavilando)… mmm… este… me parece que no le entiendo su cometido Sr. Valenzuela…
Diputado: “¡Van Treek Dr.! Valenzuela Van Treek”.
Dr. Lecter: “Está bien, Sr. Valenzuela. ¿Me puede explicar la verdadera razón del porqué de su visita? No entiendo porqué está molesto si Ud. dice que es normal que su partido no se alinea por ideas sino por grupúsculos… ¿Acaso no sucede en todos los partidos lo mismo?”
Diputado: “Si Dr. Tiene razón, pero resulta que estoy en mala con el PPD y ahora quiero instaurar la línea ‘Valenzuela Van treekista”, que será una línea concertacionista más ligada a la justicia social al el neoliberalismo y, por supuesto a buscar alianzas entre los bacheletistas-alguitas-floristas y aliancistas. Pero no se confunda Ud. Dr. Esta es una línea nueva que va a dar que hablar.”
Dr. Lecter: “(confuso)…. mmm… me imagino. ¿Y Cuáles son los fundamentos de esta nueva como Ud. le llama? ‘línea política’?”
Diputado: “Déjeme sorprenderlo Dr. Siempre junto a mi hermanos, he tenido la visión de que somos como los Kennedy rancagüinos.”
Dr. Lecter: “(sorprendido) ¿Perdón?, ¿le entendí bien?”
Diputado: “Por supuesto que entendió. Si, nosotros somos como los Kennedy rancagüinos. Nos hemos hecho del poder con el único objetivo de hacer una alianza para el desarrollo. Mi primera gran obra con el pueblo rancagüino salta a la vista. Cuando fui a Rancagua le cambié el rostro a la ciudad.
Dr. Lecter: “¿Se refiere a Ud. a las ‘grandes’ infraestructuras, esculturas y chucherías durante las administraciones de Ud. y su vasto clan ‘Kennedy’ como Ud. los hace llamar?”
Diputado: “Veo que su inteligencia Dr. Hace mérito del alto costo de su honorarios.”
Dr. Lecter: “No estamos aquí para hablar de mis honorarios honorable”. Aprieto un botón a la secretaria para que investigue si el cheque tiene fondos. “Diputado, Le pediría que me explicase porque el ‘pueblo’ y remarco las comillas, debería apoyarlo nuevamente en sus disquisiciones.”
Diputado: (reacciona molesto por la consulta) “¡Obvio pues Dr.!, ¡Obvio! ¡Qué se cree Ud.!, ¿Acaso no se ha beneficiado de toda la cultura que hemos impuesto en la ciudad?”
Dr. Lecter: “Mi querido honorable. Es sabido que los intelectuales de
Diputado: “¿Le inquieta Dr. que nosotros los Kennedy de Rancagua no podamos cumplir nuestro destino?. Tengo un artículo interesante sobre mi mismo y mis proyectos a través de mi blog. Eso lo aprendí en un súper megalomaníaco seminario de un amigo senador ¿Sabía Ud. todo lo que se puede hacer con un blog?”.
Dr. Lecter: “Por el contrario honorable, por el contrario. En realidad me desagradan los mesianismos aristotélicos. Más aún, un blog lo encuentro vulgar: es una manera de comunicarse consigo mismo exponiendo la bajeza en público junto a un altruismo solo para decadentes”.
Diputado: “¿Y qué sería eso Dr.?, ¿Es curable?”.
Dr. Lecter: “En primer lugar quisiera saber si en su blog, le han dicho los rancagüinos los agradecidos que están del ‘moderno’ centro de la ciudad: esa rara y empalagosa mezcla de urbe de
Diputado: “¡Que se ha imaginado Ud.! ¿Acaso no sabe que ese suelo ha sido diseñado por especialistas?”
Dr. Lecter: “¿Ha caminado Ud. Sr. Kennedy por el centro de ‘su’ ciudad?, ¿Porqué no se da una vueltecita a las 15:00 horas y luego se da cuenta de que sus ‘obras’ son tan parecidas a trasformar lo obvio (sombra, bienestar) a lo irracional (incomodidad, desprotección)? Sr. Valenzuela, tengo una recomendación para Ud.”
Diputado: “¿Cuál sería Dr.?”
Dr. Lecter: “Dígase a Ud. y a su basto clan que Rancagua, no necesita ni ‘Kennedys’ ni senadores tipo pelo con complejo de Cristo. Tampoco necesita autoridades legislativas conservadoras que se vengan aparcar a esta zona. Diputado, déjese de jugar con el blog: es un costumbre que se ha arraigado entre los jóvenes con serios problemas de llamar la atención.”
El Diputado se retira indignado de mi consulta. Su oscura figura nuevamente redibuja una sombra en el marco de salida. Al amparo de guardar con cuidado mis notas para no ‘extraviarlas’, bebo mi Canada Dry que ya esta tibia. Observo las piernas de mi secretaria y recuerdo que tendré una cena particular este fin de semana. Nada más me encantaría acompañar ese bocado con los ojos del Sr. Diputado. Después de todo, si los ojos no sirven para ver lo evidente, desgastados de tanta publicidad por Internet, bien pueden servir para acompañar un postre con helado. Guardo mis notas en el bufete y observo la plaza en conjunto al mal gusto de su avenida central. Diviso a la distancia el creciente smog venido de Santiago. Recuerdo que la próxima semana vendrá un paciente de la capital que ha decidido venir a mi consulta. Tal vez resulte más gracioso que esté acartonado neo izquierdista.
RANCAGUINO dijo
Excelente, DR. ECHABAMOS DE MENOS SU PLUMA. NO SE PIERDA
12 Noviembre 2007 | 02:58 AM